domingo, 18 de agosto de 2013

¡Tengan paciencia señores! (04-08-13)


Tras la última depresión,
va el Madrid de mis amores,
pecamos todos de ilusión,
como siempre con temores.

Discutidos los colores,
algún experto el culpable,
verde y rojo de Dolores,
y el naranja no es loable.

Permítame que le hable,
para mi un gran maestro,
Isco parece papable,
Blanco Eterno para el diestro.

Cuando quiera le demuestro,
que Kaká es mejorable,
le rezaré un Padrenuestro,
mi plegaria es impecable.

Aunque sea un miserable,
yo los he visto peores,
todavía es explotable.
¡Tengan paciencia señores!

No a los falsos valores.
Estabilidad, la misión.
Siempre te rendiré honores.
Un campeón, es mi impresión.

martes, 21 de mayo de 2013

La derrota de un semidiós (21-5-13)


Embriagado de grandeza,
emprenderá otro camino,
deja a muchos con tristeza,
y no se lo recrimino.

Quiso andar por el cielo,
sin saber de su dureza,
era frio como el hielo, 
de eso, tengo certeza.

Ayer cuando habló su alteza,
terminando la relación,
sentí vibrar la corteza,
por semejante vejación.

Haber echado a la prensa,
es su logro y su castigo,
sin derecho a una defensa,
de eso, también soy testigo.

Siempre habrá algún ilustrado,
al que le importe un comino,
un junta letras frustrado,
entre borrego y bovino.

No hay que perder la esperanza,
y con esto ya termino,
contra la prensa, venganza,
y a seguir nuestro destino.

lunes, 4 de febrero de 2013

La soledad (04-02-13)


Os escribo desde la soledad,
para demostrar que el tema es serio,
para ver las cosas con claridad,
intento descifrar el misterio.

En el vestuario hay mucha humedad,
digamos que huele, a monasterio,
están embriagados de vanidad,
por supuesto, sólo es mi criterio.

A veces roza la mediocridad,
y con esto a nadie subestimo,
debemos curar nuestra enfermedad,
o nuestro triunfo olerá a timo.

Los que critican no tienen piedad,
pues quieren hacer daño al Imperio,
se olvidan que hablan de su Santidad,
y sueltan algún que otro improperio.

Es importante ver la realidad,
va a ser una dura travesía,
puede que sea de tal gravedad,
que nos invada la hipocresía.