En Zagreb vieron al Dinamo,
en un callejón sin salida,
alguno ni "jarto de cáñamo",
pudo ver su tarea cumplida.
Ni estaba descorchada la de tinto,
y el Madrid destrozaba con su aguijón,
cuando derrepente llegó el quinto,
obra de arte, de un tal Callejón.
Soñaba con ilusión el croata:
"un gol, sería un golpe de efecto",
disfrutaron de la cabalgata,
al final fueron dos y fue perfecto.
El Madrid sin tregua, hostigaba,
el Dinamo fustigado, sin piedad.
frustración al empezar, se palpaba,
y más que notable, su enfermedad.
Aquí y ahora quien te escribe,
es mi otro yo quien os llora,
es mi yo presente, quien se despide,
y mi yo Real, quien os adora.
en un callejón sin salida,
alguno ni "jarto de cáñamo",
pudo ver su tarea cumplida.
Ni estaba descorchada la de tinto,
y el Madrid destrozaba con su aguijón,
cuando derrepente llegó el quinto,
obra de arte, de un tal Callejón.
Soñaba con ilusión el croata:
"un gol, sería un golpe de efecto",
disfrutaron de la cabalgata,
al final fueron dos y fue perfecto.
El Madrid sin tregua, hostigaba,
el Dinamo fustigado, sin piedad.
frustración al empezar, se palpaba,
y más que notable, su enfermedad.
Aquí y ahora quien te escribe,
es mi otro yo quien os llora,
es mi yo presente, quien se despide,
y mi yo Real, quien os adora.

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