Toreaban en la plaza,
a los toros de la casta,
exentos todos de raza,
no ese Madrid que devasta.
El torero vistió de azul,
un toro de tez naranja,
a los toros de la casta,
exentos todos de raza,
no ese Madrid que devasta.
El torero vistió de azul,
un toro de tez naranja,
que estuvo haciendo el gandul,
paseando por la granja.
En embestidas errado,
en ocasiones muy manso,
no es que estuviera parado,
son sus días de descanso.
Y es que el honor es sagrado,
como el que tiene un tesoro,
la Décima no ha logrado,
y ya vale más que el oro.
El toro se ha desangrado,
yacía muerto en la barrera,
de cansancio saturado,
fue una Liga aventurera.
Por lo menos uno admite,
después de haberlo pensado,
que aún les queda el desquite,
no verlo es ser un tarado.

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